Ampliado el plazo de presentación de abstract hasta el día 24 de Octubre

 

23. RELEVANCIA DE LA MICROSCOPÍA ELECTRÓNICA EN EL DIAGNÓSTICO DE LA GLOMERULOPATÍA DEL TRASPLANTE EN LA PRÁCTICA CLÍNICA.

Polanco N, Alonso M,Sevillano A, Rodríguez-Gayo L, Hernández A, Praga M, Andrés A.

HOSPITAL UNIVERSITARIO 12 DE OCTUBRE. MADRID.

 

Introducción: Tras la reunión de Banff de 2013 se modificó la graduación de la lesión cg introduciéndose la categoría cg1a. Se aceptaba, por tanto, el diagnóstico de glomerulopatía del trasplante (GT) solo en presencia de hallazgos en la microscopía electrónica (ME) a pesar de la ausencia de dobles contornos (DC) visibles en la óptica (MO). Se recomendó, por tanto, la realización de ME en todos aquellos pacientes en los que se sospechará como posible diagnóstico el rechazo crónico mediado por anticuerpos (cAMR). Sin embargo, se reconocía la dificultad práctica de esta recomendación.

Desde entonces existen pocos estudios que confirmen la necesidad de esta técnica para evitar diagnósticos equivocados o incompletos en las biopsias de trasplante renal y la relevancia que esto puede implicar en la evolución del trasplante.

 

Objetivos: Analizar la relevancia de la ME en el diagnóstico de la GT en nuestro centro.

 

Metodología: Se recogieron todas las biopsias con diagnostico de GT realizadas en nuestro centro entre enero de 2007 y enero de 2019. Todas las biopsias realizadas son por indicación clínica.

Se analizaron las biopsias que tuvieran las tres técnicas: MO, inmunofluorescencia y ME (n= 131). Para el estudio se excluyeron todos los pacientes que no tuvieran determinación de anticuerpos donante específico (DSA) en el momento del diagnóstico, así como los que no tenían seguimiento en nuestro centro o los que habían fallecido en un periodo menor a 3 meses después de la biopsia.

Finalmente se analizaron 98 biopsias.

 

Resultados: De las 98 biopsias con diagnóstico de GT, en 39 de ellas (39.8%) no se objetivaron DC en la MO (estadio cg1a). Cuando se analizaron los diagnósticos dados previamente a la ME en ese subgrupo de pacientes, solo en 9 casos se estableció la sospecha de cAMR por otros hallazgos histológicos aun en ausencia de DC. Por lo tanto, en el 31.6% del total de los casos analizados se precisó de la ME para el diagnóstico de GT. En la tabla adjunta se reflejan los diagnósticos dados inicialmente con el estudio de MO. Para analizar la relevancia del diagnóstico de la GT en cualquier estadio, se comparó la evolución posterior de los pacientes según el grado de GT encontrado en la biopsia (cg1a versus >cg1b). No se encontraron diferencias significativas al final del seguimiento, ni en los datos de función renal o proteinuria ni en el porcentaje de pérdida de función del injerto (cg1a: 56.4% versus >cg1b: 61.4%; p= 0.3).

 

Conclusiones: La ME mejora la precisión diagnóstica en la GT. Permite un diagnóstico temprano de la entidad e identifica pacientes en alto de riesgo de pérdida del injerto a pesar de la posible benignidad de los hallazgos en la MO.

 

 

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